19 mayo 2007

Espejos Oníricos. Exposición de Teolinca Escobedo

Espejos Oníricos es una exposición que evoca el sueño, la memoria, la locura, la nostalgia, la infancia y otras imágenes especulares; conceptos que ciertamente, la tradición literaria moderna utilizó para expresar sus inclinaciones artísticas. Estas inquietudes derivaron en figuraciones poéticas propias de lo que, desde la modernidad, se ha denominado como lo romántico.
Asimismo, la posmodernidad se reconoce al encarar una obra que apunta hacia una revisión de la pintura mexicana de mediados del siglo XX, pero complejizada por las propias obsesiones de la artista.

Desde los griegos, el espejo ha sido utilizado como metáfora que encarna la
contemplación del propio ser, un ser que se sitúa sin pudor, mirándonos, mirando, convirtiéndose en la otredad. El mito de Narciso alerta así, sobre la peligrosidad de este encantamiento.

Lewis Caroll se ocupó también de este tema, anunciando la existencia de algo más a través del espejo: los mundos posibles...

No es extraño entonces que esta misteriosa naturaleza del objeto espejo haya resultado en una constante connotación simbólica. En muchos casos, por ejemplo, esta carga derivó hacia la idea del espejo como laberinto visual, al enfrentar un espejo contra otro; artificio que deviene en una multiplicación exacta del referente real, convirtiendo al ser verdadero, en una imagen indistinguible de su propio reflejo. Este feedback adquiere vida propia rebotando y proyectándose hasta el infinito. Una imagen que, por inasible, adquiere un carácter sospechoso, irreal.

Desde la semiótica de la imagen, el feed-back — o la metaimagen— se explica gracias a su condición tautológica, y es un recurso que ha sido ampliamente explorado en la historia del arte. Sin embargo, a nivel lingüístico su funcionamiento e implicaciones fueron estudiadas por Ludwig Wittgenstein, principalmente en su libro de aforismos titulado Tractatus lógico-philosophicus; en este aclara que, “La tautología no posee condiciones de verdad, es incondicionalmente verdadera…En la tautología se eliminan las condiciones de concordancia con el mundo, las relaciones representativas, de tal modo que no se halla en relación representativa alguna con la realidad”.

Como una apuesta por la vigencia de la pintura, como vehículo de expresión aún válido, en un contexto artístico invadido por la instalación y por los nuevos medios, Escobedo presenta esta exposición como un conjunto de trabajos que pretenden sumergir al espectador a través del umbral – espejo en un mundo en el que domina el sueño, lo onírico.

Según Margo Glantz, el espejo simboliza también la frontera entre dos ámbitos: el conciente y el inconciente, la delimitación sensorial entre el yo esencial y el cuerpo como instrumento de traslación en el espacio y el tiempo. La separación física y tangible entre la mente y el mundo, entre la idea y la realidad…

En esta exposición, el espejo esta siempre presente en una forma u otra: a veces, de manera evidente como un marco delimitativo, que sirve de encuadre a personajes y situaciones y otras, como una mancha de color que inundará el espacio a modo de portal – membrana.

La obra de Escobedo se sitúa atenta a la vida interior de los objetos, siendo un arte que privilegia la estética y lo evocativo, sobre la significación y el discurso, al grado de dejar al descubierto su carácter de ficción o artificio. Siendo sus cuadros casi víctimas de la estética y perteneciendo a lo que el mercado del arte define como lo bello.

Así, Escobedo entiende el dibujo como una expresión lineal que obedece a su propia natura y no a la relación con lo real; por esa razón el discurso se sostiene gracias así mismo, a la tautología, a la autoreferencia, más allá de la técnica, siendo esta relación, la base especular en la que se sustenta la estructura de la obra.

Con una pintura sencilla y expresiva, que evoca muchas veces un trazo infantil, la abstracción expresionista y a veces geométrica de esta artista oscila, desde la completa ausencia de elementos figurativos, hasta la inclusión de personajes de estética primitivista siendo el color el elemento anímico más esencial.

Rodeados de óleos, la breve incorporación de la estampa, es un recordatorio personal de la propia evolución artística y por lo tanto de su historia. Teolinca Escobedo ha trabajado con pintura y escultura, pero las más de las veces ha explorado las posibilidades del grabado como forma de expresión. Una tarea doblemente ardua cuando se habla de la incorporación de elementos abstractos.

El mundo al que nos asoma esta pintora tiene mucho de mexicano. Con una clara influencia del periodo abstracto de Tamayo, Escobedo propone al espectador un paseo por un mundo en el que habitan los personajes sonríen desde su otredad, desde de sueños amables, mirando e invitándonos a escuchar su música, a sentir sus texturas y a compartir un colorido entorno donde rigen sus propias reglas y su propia naturaleza.


Isadora Escobedo
Inauguración: sábado 26 de mayo 19:00 hrs. Centro Cultural San Angel
Hoja de sala. Exposición Espejos Oníricos.

Damir Niksic

Border. Kendell Geers

Weros. Kendell Geers

Frida Kalho. Yasuma Morimura

Gudmundson